Salud: salvar la vida depende de que el río esté navegable

Autora: Miriam Telma Jemio

Salvar la vida para los indígenas que viven en la ribera del río Beni, muchas veces depende de cuán altas o bajas estén esas aguas para navegar hasta Rurrenabaque o San Buenaventura. “Es lejos para ir. Si no tenemos embarcación nos cuesta ir. Si hay un enfermo grave, hasta llegar ahí, se muere”, expresa Encarnación Supa Mejía (44 años) de la comunidad San Miguel de El Bala (Madidi).

¿Por qué deben ir hasta Rurrenabaque o San Buenaventura? – Porque aquí no contamos con un médico o con un auxiliar. No hay una posta sanitaria, responde Alfredo Nay Rada, vecino de la misma comunidad. Un resfrío leve o un dolor de estómago dicen que lo curan con algunas plantas medicinales que sus padres les enseñaron a usar desde niños.

 

¿Y cuál es la enfermedad más recurrente? La “fiebre”, es la respuesta.  Incluso les lleva a la muerte. Alex Villca, de la comunidad Uchupiamonas (Madidi), explica que está relacionada, principalmente, a complicaciones que se presentan por un resfrío o una infección estomacal con diarrea, o al dengue. “Es medio húmeda la tierra. Por la humedad da la tos. Da la gripe”, precisa Supa.

David Villca asocia el problema de la diarrea al hecho de que en las comunidades indígenas del Pilón Lajas y Madidi no tienen agua potable. Si bien en algunas poblaciones obtienen el líquido a través de una red, la fuente es alguna vertiente como en Real Beni (Rurrenabaque, Beni) que no es bebible sin hacerla hervir.

En los últimos años, creció el número de personas afectadas por el dengue en todo el país. El departamento del Beni concentró el mayor número de casos de la gestión 2016. Para reducir, la incidencia de esta enfermedad transmitida por la picazón del mosquito Aedes aegypti, la alcaldía de Rurrenabaque realiza campañas de fumigación de las viviendas en las comunidades de Pilón Lajas.

 

“Eso (la fumigación) dura hasta tres días y después vuelven los mosquitos, sobre todo a las siete de la noche. No hay caso de controlar”, declara Villca. En enero de este año, el gobierno promulgó la Ley de Prevención y Control del Dengue, Chikungunya y Zika por el incremento de estas enfermedades.

La leishmaniasis es una de las enfermedades radica en la zona. Dicen que hay varias clases y que afecta entre julio y octubre, principalmente, provocando úlceras en la piel. Los diez hijos de Valentín Luna, comunario de San Miguel de El Bala,  la padecieron.

Luna describe que en cualquier parte del cuerpo aparece una herida “que va creciendo y es muy difícil de curarla”. Los indígenas optan por las plantas medicinales para contrarrestar la enfermedad, porque el tratamiento con medicina convencional es largo y agresivo. Dependiendo de lo avanzada que esté la llaga en la piel, les aplican entre 40 a 60 inyecciones.

“A veces da miedo llevar al médico porque son muchos remedios que les recetan, por kilo creo que dan las ampollas (inyecciones). En último caso, qué se va a hacer, cuando el remedio casero no lo sana, ni modo tenemos que ir no más”, resigna David Villca.

Cuando la medicina casera no detiene la enfermedad o cuando la emergencia lo amerita tienen que subir al bote y navegar por el río Beni hasta Rurrenabaque o San Buenaventura. Aunque en época de lluvias no se pueden movilizar por el afluente, “para ese tiempo tenemos las plantas medicinales que nuestros ancestros utilizaron y lo seguimos utilizando en casos de emergencia”, afirma Luciano Gonzáles, habitante de Villa Alcira (Madidi). Eso les sirvió durante el tiempo que permanecieron aislados en la inundación de 2014.

Entre enero y marzo hay mayor precipitación, crece el río y es innavegable. Si eso sucede, “el enfermo se muere no más”, dicen los comunarios. Es en esa época en la que resienten más la ausencia de un posta de salud y de un médico.

 

Donde sí hay un médico y una posta sanitaria es en Asunción de Quiquibey (Pilón Lajas). Su infraestructura es nueva. La anterior se perdió con la inundación de 2014. Allí también atienden sus enfermedades los comunarios de la Embocada (Pilón Lajas).

Esta situación buscan revertirla, desde el Estado, con la visita de brigadas móviles de salud a las comunidades. Aunque este año, esa atención no ha sido con la frecuencia del pasado año, A Ramón Cubo Cartagena (56) de Villa Alcira y Armín Apuri, de Real Beni, les preocupa que en este año los médicos de Rurrenabaque no hayan entrado a sus comunidades.

En las regiones del área rural es generalizada esta situación en materia de salud. Por ejemplo, la mortalidad infantil en el caso de los indígenas de la Amazonia es cuatro veces más alta que la media, afirma la investigadora Roxana Liendo. Aclara que hay poca información sobre la realidad de los pueblos indígenas. El INE muestra datos del Censo 2012 a nivel general de las áreas urbana y rural. “No hay información desagregada por naciones, menos de las pequeñas naciones indígenas de tierras bajas”, lamenta Liendo.

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